¿TODO QUEDA EN FAMILIA? LOS PASSAGLIA VAN POR LA PRESIDENCIA CON “HECHOS”, ¿UNA NUEVA ALTERNATIVA O MÁS DE LO MISMO?
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Los hermanos Santiago y Manuel anunciaron su salto a la arena nacional con su partido vecinalista reconvertido. Prometen gestionar el país como lo hicieron en San Nicolás, pero detrás del relato de eficiencia municipal se esconden viejas mañas de la política tradicional, causas judiciales por enriquecimiento ilícito y un esquema de poder endogámico que ya intenta plantar bandera en distritos vecinos como Exaltación de la Cruz.
La política argentina nunca deja de sorprender por su capacidad de reciclaje. Lejos de proponer una renovación conceptual genuina, la geografía electoral de la provincia de Buenos Aires suma un nuevo capítulo de cariz corporativo y familiar. Los hermanos Santiago y Manuel Passaglia oficializaron que competirán por la Presidencia de la Nación en 2027 a través de Hechos, el sello provincial que fundaron tras romper con la alianza entre el PRO y La Libertad Avanza.
Con un discurso de vereda ancha que apunta tanto contra las medidas económicas del gobierno de Javier Milei como contra el kirchnerismo, los exjefes comunales de San Nicolás intentan posicionarse como una “tercera vía”. Sin embargo, bajo el slogan marketinero de hacer que “el esfuerzo valga la pena”, la gran pregunta que se impone es ineludible: ¿Son realmente una alternativa de cambio o nos encontramos ante una dinastía municipal que busca blindarse y escalar a nivel nacional?
El apellido como institución: cuando la política es cosa de familia
El eslogan “Todo queda en familia” le sienta como anillo al dedo a la trayectoria de los Passaglia. El clan —iniciado por el padre, Ismael Passaglia, histórico dirigente de extenso paso por cargos ministeriales, legislativos e intendencias— logró estructurar un verdadero feudo en San Nicolás donde los cargos rotan de padres a hijos y de hermanos a hermanos sin prisa ni pausa.
Que دو hermanos se lancen de manera conjunta a una fórmula presidencial sin definir siquiera quién liderará la boleta —anunciándolo bajo la firma genérica de “Hermanos Passaglia 2027″— desnuda una concepción patrimonialista de la cosa pública. La política partidaria entendida no como un espacio de debate ideológico o construcción colectiva, sino como un activo empresarial de herencia familiar.
Las sombras del “modelo San Nicolás”
Para seducir al electorado nacional, los Passaglia agitan con orgullo su paso por la intendencia nicoleña, blasonando orden fiscal, reducción de la planta municipal y modernización urbana. No obstante, en su propio pago chico las luces de neón del relato oficial contrastan fuertemente con los puntos oscuros que manchan su gestión y que prefieren omitir en sus modernos videos de campaña.
Sobre los hermanos y su entorno familiar pesan investigaciones judiciales de hondo calado. El clan ha sido formalmente investigado por la justicia federal a raíz de denuncias por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, impulsadas tras detectarse un crecimiento patrimonial ostensible que no condice con los ingresos formales de la función pública.
A esto se suman los cuestionamientos sobre el uso de estructuras jurídicas opacas —como las sociedades de participación estatal mayoritaria (SAPEM)— para manejar áreas claves y multimillonarias del municipio sin los controles administrativos que exige la transparencia republicana.
¿Y por casa cómo andamos? El correlato en Exaltación de la Cruz
Este esquema de armado político que se proyecta a nivel nacional no es ajeno a nuestra realidad local. En Exaltación de la Cruz, el espacio Hechos también buscó hacer su desembarco con figuras propias, teniendo como principal referente local a Pedro Sarri, quien supo encabezar la lista de candidatos a concejales del espacio y alzar las banderas de este supuesto vecinalismo importado.
La llegada de los Passaglia a nuestro distrito con caras visibles locales nos obliga a reflexionar: ¿qué tipo de representación política se le propone a los vecinos de Exaltación de la Cruz? ¿Se puede ofrecer una alternativa real de transformación cuando se responde a estructuras corporativas y familiares que responden a las peores mañas de la vieja política bonaerense?
Presentarse como outsiders o renovadores cuando se acumulan décadas usufructuando el Estado resulta, como mínimo, una contradicción. Los hermanos Passaglia abandonaron las coaliciones nacionales tradicionales no por una epifanía ideológica, sino ante la necesidad de conservar su propio territorio y buscar un paraguas de proyección que frene el desgaste judicial y político.
Para los vecinos de Exaltación de la Cruz, donde la comunidad valora la cercanía y la honestidad institucional, la oferta de los Passaglia huele demasiado a más de lo mismo: marketing importado, gestión con cuentas opacas y apellidos que se resisten a soltar el Estado. Si la única salida a la crisis argentina es reciclar dinastías provinciales bajo nuevos sellos de goma, el futuro institucional seguirá quedando, trágicamente, en familia.
